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Breve
historia de la obra gráfica En
el principio En el principio,
antes de la imprenta, la estampación de imágenes no se consideraba una de las
bellas artes, sino un simple medio de comunicación. No fue hasta el siglo XVIII
que las estampaciones se empezaban a considerarse arte, y no hasta el XIX que
los artistas comenzaron a producir ediciones limitadas, firmar sus copias y autentificar
esas copias con información de la tirada anotada en los márgenes. El grabado se
remonta al hombre de las cuevas, ejecutado sobre piedras, huesos y las paredes
de las cuevas. La duplicación de imágenes grabados data de hace unos 3.000 años
cuando los Sumerios grabaron diseños sobre sellos cilíndricos de piedra. Los académicos
creen que los chinos produjeron una forma primitiva de impresión hacía el siglo
II a.c. Los japoneses hicieron las primeras impresiones auténticas, xilografías
de exvotos budistas a mediados del siglo VIII.

La
obra gráfica en Europa La historia de las artes seriadas en Europa
se remonta a primeros del siglo VI con las primeras impresiones sobre tejidos.
La impresión sobre papel tuvo que esperar algo más, mientras que la tecnología
del papel llegaba desde Oriente. El primero papel hecho en Europa fue él de Játiva,
a mediados del siglo XII. Las primeras xilografías sobre papel fueron las barajas
de cartas que se hacían en Alemania al principios del siglo XV. Sólo unos años
antes aparecieron los primeros sellos y timbres reales en la corte de Enrique
VIII en Inglaterra.
La
impresión desde un grabado sobre metal se introdujo unas cuantas décadas después
de la xilografía, y con resultados mucho más refinados. Restringido al principio
a orfebres y armeros, pronto se convirtió en la forma preferida de reproducción
seriada. El primer grabado fechado data de 1.446, "La Flagelación", y fue en Alemania
en donde se desarrolló la técnica antes de pasar a Italia (Mantegna, Raimondi,
Ghisi) y los Paises Bajos (Lucas van Leyden, Goltzius, Claesz, Matsys). Desde
los fabricantes de barajas la técnica del grabado sobre metal pasó a los artistas
donde alcanzó quizás su máxima expresión a manos de Durero en el siglo XVI. Este
representó un hito en la historia del arte seriado y, puesto que viajó a Italia,
su influencia se sintió allí de forma directa.

Los
siglos XVII y XVIII
El siglo
XVII vio el florecimiento de obra ornamental y del retrato por toda Europa, con
Rubens y Van Dyck a la vanguardia en Flandes. Para entonces el gran parte del
trabajo de intaglio fue grabado al ácido, puesto que los artistas contemporáneos
consideraban que este fue un procedimiento más noble y menos comercial que el
grabado directo. Italia fue un hervidero de actividad en este tiempo aunque, irónicamente,
los principales grabadores fueron extranjeros: Jacques Callot y Claude Lorrain
de Francia y el español José de la Ribera. La principal figura en los Países Bajos
en este tiempo fue, sin duda, Rembrandt, quien dejo a la posterioridad un hito
artístico, tanto en términos de cantidad como en calidad. Sus aproximadamente
300 planchas representan prácticamente todos los aspectos de la actividad
humana. El
centro de gravedad de grabado pasó a Italia en el siglo XVIII, empezando por Tiepolo
quien, se dice, ejerció una influencia importante sobre Goya. Luego vino Canaleto,
el cronista de Venecia, y Piranesi, el más importante grabador de temas arquitectónicos
de todos los tiempos, con unos 3.000 grabados sobre temas arquitectónicos. La
tradición del grabado en Gran Bretaña data sólo de Hogarth en el XVIII, pero le
siguieron rápidamente el satírico Rowlandson y luego Blake, la joya de la corona
entre grabadores británicos. El contemporáneo de Blake en España era Francisco
Goya, quien llevó los limites del grabado a nuevas alturas y profundidades.

El
siglo XIX
El siglo XIX vio como el arte seriado seguía el mismo camino turbulento que el
resto de las artes visuales. En Francia los artistas activos en este tiempo incluían
a Ingres, Delacroix, la escuela de Barbizon (Daubigny, Theodore Rousseau y Jean-Baptiste-Camille
Corot) y el satírico político, Honoré Daumier, quien ejecutó más de 4.000 litografías,
sobre todo para ilustraciones de periódico. Entre los Impresionistas los más importantes
en términos de arte seriado fueron Degas y Manet, este sobre todo en litografía.
Aunque apenas hemos tocado aquí el tema del grabado japonés, hay que hacer mención
especial del maestro de xilografía, Katsushika Hokusai, quien en la última mitad
del siglo XVII y la primera del XVIII hizo unos 35.000 dibujos y grabados. Muchas
de estas obras fueron reconocidas como obras maestras, y han ejercido una notable
influencia en los artistas europeos y americanos. Los más importantes grabadores
activos en la Inglaterra del XIX fueron un inglés, Francis Seymour Hayden, y un
norteamericano, James McNeil Whistler. El otro americano notable de esta época
fue James Audubon, aunque sus magníficas ilustraciones grabadas de pájaros tienen
más importancia como ciencia natural que como arte.

Entra
Picasso El grabado, como el resto del mundo de las
bellas artes, explotó en la primera mitad del siglo XX. Ante todo fue Pablo Picasso,
el chico español de Málaga que hizo más de 1.000 obras sobre papel, incluidos
grabados, aguafuertes, punta secas, xilografías, litografías y linóleos. Fue Picasso,
casi por sí solo, quien devolvió el centro de gravedad del grabado a Francia.
Luego vinieron Braque, Matisse, Rouault, Chagall, Joan Miró, Max Ernst, Jan Arp,
Salvador Dalí y otros. En Alemania este fue el tiempo de los expresionistas, Emil
Nolde, Max Beckmann (quien enseñó arte en los EE UU después de la II Guerra Mundial),
George Grosz, Ernst Barlach, Erich Heckel, Oskar Kokoschka y otros.
A renglón seguido en Alemania se presentó la Bauhaus, donde artists como Paul
Klee y Kandinsky hicieron trabajos fundamentales. En Inglaterra Henry Moore, además
de trabajar en escultura, también creó una poderosa serie de litografías. Otro
inglés, Graham Sutherland, también hizo trabajo notable, junto con Anthony Gross.
En los EE UU del siglo XX la tradición de grabadores distinguidos incluya George
Wesley Bellows en litografía, John Sloan y Reginald Marsh en aguafuerte y Milton
Avery en punta seca. Pero quizas los más destacados sean Edward Hopper, con su
trabajo altamente personal, y Ben Shahn, quien dominaba un amplio abanico de las
técnicas seriales. Las
ilustraciones en esta página son imágenes del artista granadino,
José Guerrero. |